Comentario: Educación abierta y digital: ¿Hacia una identidad edupunk? De JUAN FREIRE

“Si (como afirma el griego en el Cratilo)el nombre es arquetipo de la cosa en las letras de ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.
Y, hecho de consonantes y vocales,habrá un terrible Nombre, que la esenciacifre de Dios y que la Omnipotenciaguarde en letras y sílabas cabales.”
Pudo haberlo dicho otro, pero lo dijo él. Borges, en “El Golem”, postuló lo que sabemos de nacimiento: con el nombre se nos define como tal o cual. Así, con la instauración de un neologismo: “edupunk“, se le dio nombre “al fantasma”, se lo nominó, se le dio, no vida, pero sí esa inexcusable identidad. Habrá que averiguar si es combativa, como el punk en sus orígenes, pero su nombramiento es algo más que sustancial. Nuevos caminos, formas innovadoras y transgresoras de construir conocimiento, de aprender y enseñar, de llegar al otro, de enfrentarse a vastos retos: por un lado, la educación; por otro lado, la adaptación de las nuevas tecnologías y sus “ultraarchipositivos” beneficios a ese proceso más que complejo y trascendental, y finalmente, el desafío de defender esta postura ante miles de seres temerosos de su verdadera utilidad.
Una vez más, todo cambio tecnológico supone un cambio cultural, un cambio en los hábitos, en las costumbres, en el modo de ver y realizar las más variadas acciones. Por eso Juan Freire postula que con edupunk no se trata de enfrentarse a un reto tecnológico sino a un cambio cultural en el que la tecnología actúa como facilitadora, al tiempo que permite “independizarse de las estructuras organizativas convencionales (que en muchas ocasiones actúan como barreras para la colaboración)”. Es preciso, de todas formas, destacar que toda variación es efectiva y sana si supone una evolución, si implica una ruptura con los frenos que imposibilitan el desarrollo de las fuerzas productivas.
Numerosas definiciones rondan alrededor del concepto, postulado el 25 de mayo por Jim Groom, especialista en tecnología educativa y profesor de la University of Mary Washington, en su The Glass Bees. En el intento de definirlo, hay ciertas variaciones, pero numerosos teóricos coinciden que en realidad es “una forma de entender la educación y el aprendizaje radicalmente diferente del modelo convencional, y unas comunidades de prácticas empoderadas gracias a la irrupción de la tecnología digital” . Es una aproximación a las prácticas de la enseñanza y el aprendizaje basada en una actitud do it yourself (DIY: “hágalo usted mismo”), centrada en el estudiante, creada por los profesores o por la comunidad y no por una corporación (Leslie Madsen Brooks, en BlogHer), y lo que creo notable “un aprendizaje que se inicia con los intereses del que aprende –y los hace relevantes en la edad digital en la que vivimos”.
Entonces, es necesario que se que conciba al cambio no como una cuestión de la tecnología, sino de las personas, como cita Freire. Ahí está la cuestión; la revolución se da de manos de un grupo de personas, tal vez vanguardistas (avant garde) que rompen los esquemas propuestos, imperantes -con determinadas nociones un tanto estáticas-, para avanzar, para promover otras formas de pensamiento y, por sobre todo, de acción.
Por eso la tecnología no es la promotora del avance, sino la facilitadora, y Groom apuesta a ello. Los hacedores del cambio son las personas, más que seguro, empeñadas en pensar más y mejor, en pensar de forma criteriosa y constante y, quizás, pensar más rápidamente y en conjunto, en comunidad, de modo colectivo. Es decir, la tecnología solo será útil si la hacen útil, es decir traerá o producirá provecho, comodidad, fruto o interés, servirá, si hay personas que buscan provecho, comodidad, algún fruto o interés en ella. Si algo se ha creado ha sido –casi con seguridad- para mejorar lo existente. Pero si eso creado no se emplea para mejorar lo que somos, difícilmente, sea productivo.
Es probable que este mecanismo sea atacado por diversos motivos: el hecho de su gratuidad pone en cuestión a ciertas empresas privadas con programas educativos afines, o porque implica un compromiso personal, de motivación propia, individual, y porque cada uno “debe hacerse”. Creo que se trata de un contundente desafío al conocimiento y al saber, a su inmensidad y posibilidad de alcance, porque el eje es el estudiante, el centro de su propia formación que será “independiente y flexible”, ya que el mismo tendrá que “gestionar su propio aprendizaje, generalmente con ayuda de tutores externos”.
O sea, ahora aprender será algo más que adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia; ahora habrá que conectar ideas, construir significados, ampliar los existentes, los ya instalados en nuestros esquemas cognoscitivos, en nuestro conocimiento de mundo, el cual no será nunca más suficiente, nunca más apocopado, comenzará a existir otro mundo posible. Nuestra mente deberá poner en juego algo más que la memoria para acrecentar sus sinapsis: la tecnología se ofrece como agente multiplicador de archivos, de saberes.
Con herramientas precisas, surgidas para la Web 2.0 –como blogs, wikis y redes sociales, el campo semántico, las redes conceptuales– las nociones alcanzables se ensanchan increíblemente. Aquí, según Groom, son “las personas y sus redes el centro del proceso de aprendizaje y la base de la innovación y no la tecnología por sí misma”. Requiere, en tanto, de la colaboración de los estudiantes, de su constante contacto, de recuperar la interacción para un fin común, de promover la curiosidad; reivindica la comunicación, la autonomía, al aprendizaje informal, y adaptado a las necesidades singulares, “el enfoque orientado a la acción, es decir, aprender algo haciéndolo, de cada uno”, el involucrarse y participar, comprometerse (algo más que evadido en estas épocas de posmodernidad).
“La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres le teme tanto”, postuló George Bernard Shaw, y como “estamos condenados a ser libres”, según dijo Sartre, pasa por una decisión e iniciativa personal qué hacemos con lo que nos ofrece la tecnología. Al fin y al cabo, se trata de una apertura a la diversidad y a la multitud, instaurada en la base de un conocimiento, no solo cuantitativo, sino cualitativo. En base a estrategias selectivas, el aprendizaje puede ser alcanzado de una manera más que novedosa, y sobre todo diferente. Edupunk requiere un alto grado de discernimiento y responsabilidad, basados en la actitud do it yourself; potencia una alternativa, probablemente hacia el progreso, el crecimiento y el desarrollo por vías poco convencionales, y deja de manifiesto cómo, a pesar de los avances tecnológicos, inconmensurables en este siglo, la palabra final la siguen teniendo las personas. Vale aclarar: de carne y hueso…
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Edupunk ¿de qué estamos hablando?
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